Crecen las tensiones militares entre Venezuela y EE.UU. por despliegue naval
- Nalleska Gomero
- 19 nov 2025
- 4 min de lectura
La llegada del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y avanzado de Estados Unidos, a aguas cercanas a América Latina ha generado un fuerte incremento en las tensiones con Venezuela. Se trata del mayor despliegue militar estadounidense en la región desde la invasión de Panamá en 1989, un antecedente inevitable que resuena especialmente hoy, cuando Nicolás Maduro enfrenta acusaciones de narcotráfico similares a las que Washington lanzó contra Manuel Antonio Noriega hace más de treinta años.

Aunque Estados Unidos mantiene una postura ambigua sobre sus intenciones exactas, en Caracas el movimiento ya se interpreta como una amenaza directa. De hecho, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, anunció un “despliegue masivo” de fuerzas militares en todo el territorio. Según informó en un mensaje televisado, Maduro ordenó movilizar cerca de 200.000 efectivos, incluyendo unidades terrestres, marítimas, aéreas, fluviales, sistemas de misiles y milicias civiles. Para el gobierno venezolano, la presencia del portaaviones representa una escalada dentro de la campaña militar dirigida por la administración de Donald Trump contra supuestos carteles de droga que operarían en el país, una ofensiva que ya ha dejado más de 75 muertos en operativos contra embarcaciones sospechosas.
Sin embargo, analistas internacionales consideran que esta acción podría responder a una estrategia más amplia relacionada con los esfuerzos de Washington por debilitar o incluso desplazar a Maduro del poder. Estados Unidos no reconoce los resultados de las últimas elecciones venezolanas, consideradas fraudulentas tanto por la oposición como por varios organismos internacionales, y ha calificado al gobierno de Maduro como ilegítimo. La llegada del USS Gerald R. Ford, bajo este contexto, adquiere un significado que va más allá del combate al narcotráfico.
La situación ha vuelto a poner en debate la capacidad real del ejército venezolano para enfrentar a la mayor potencia militar del mundo. Aunque Maduro aseguró recientemente que ocho millones de venezolanos están dispuestos a defender al país número que, según afirmó, podría traducirse en una milicia armada de igual magnitud especialistas señalan que esa cifra no es verosímil. James Story, exembajador de Estados Unidos para Asuntos de Venezuela, sostiene que el ejército venezolano enfrenta altos niveles de deserción, falta de entrenamiento y deficiencias en mantenimiento. De acuerdo con un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Venezuela cuenta con 123.000 tropas activas, 220.000 milicianos y 8.000 reservistas, pero solo algunas unidades tendrían capacidad real de combate.
A pesar de ello, Caracas posee en teoría material militar avanzado, como cerca de veinte aviones Sukhoi adquiridos a Rusia en 2006 y una flota de F-16 estadounidenses comprados en los años ochenta, aunque apenas uno o dos de estos últimos seguirían operativos. Maduro ha destacado, además, la presencia de 5.000 misiles antiaéreos Igla-S de fabricación rusa posicionados en “puntos clave de defensa aérea”. También ha exhibido drones armados de fabricación venezolana basados en modelos iraníes, vehículos blindados chinos y lanchas de ataque rápido proporcionadas por Irán. A esto se sumarían sistemas de misiles tierra-aire Pantsir-S1 y Buk-M2E trasladados recientemente desde Rusia.
No obstante, expertos como el analista internacional Andrei Serbin Pont advierten que existe una gran distancia entre el arsenal venezolano “en teoría” y el que realmente está operativo. Asegura que buena parte de los sistemas de defensa, especialmente los de diseño más antiguo como los Pechora, podrían ser neutralizados con relativa facilidad por tecnología estadounidense. Incluso los misiles Igla-S, aunque numerosos, cuentan con solo 700 lanzadores disponibles, lo que limita significativamente su alcance real. Para Serbin Pont, el mayor riesgo sería que este tipo de armamento pudiera dispersarse entre grupos armados no estatales en un escenario de mayor inestabilidad.
En paralelo, el gobierno venezolano ha intensificado su discurso de resistencia, insinuando que, ante un eventual ataque estadounidense, las armas podrían terminar distribuidas entre la población. Diosdado Cabello llegó a advertir en septiembre que el país está preparado para una “guerra prolongada”, mientras que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ha instruido a soldados para capacitar a comunidades vulnerables en el uso de armamento. Pese a ello, analistas dudan de que la ciudadanía apoye una eventual guerra de guerrillas en defensa de Maduro, cuya popularidad se encuentra seriamente erosionada.
De acuerdo con Serbin Pont, el ejército venezolano no está preparado para un conflicto directo con Estados Unidos. Desde hace más de dos décadas, la FANB se ha entrenado bajo un concepto estratégico denominado “periodización de la guerra”, que supone una escalada progresiva que empezaría por la desestabilización interna, continuaría con la participación de un país vecino y finalmente desembocaría en una intervención estadounidense. El objetivo final sería generar una resistencia popular prolongada. Sin embargo, este modelo, según los especialistas, resulta insuficiente frente al poder militar de Estados Unidos y el desgaste operativo de las fuerzas venezolanas.
Con el USS Gerald R. Ford ya en la región y la respuesta militar venezolana en marcha, las tensiones siguen en aumento. Mientras Washington insiste en su lucha contra el narcotráfico y Caracas denuncia una amenaza directa a su soberanía, lo cierto es que ambos países se acercan a uno de los momentos más delicados en su relación reciente, con un escenario militar cuya evolución es todavía impredecible.





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