Washington y Moscú reavivan la tensión nuclear con nuevas pruebas de armamento
- Nalleska Gomero
- 4 nov 2025
- 2 min de lectura

Las advertencias y demostraciones nucleares del Kremlin parecen haber tenido eco en Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la reanudación de las pruebas nucleares del país, un gesto que marca un nuevo capítulo en la competencia armamentista global.
“Dado que otras naciones están avanzando con sus ensayos, he instruido al Departamento de Guerra a iniciar nuestras propias pruebas para mantener la paridad (igualdad)”, publicó Trump el jueves en sus redes sociales.
El mensaje generó confusión sobre si el mandatario se refería a una prueba nuclear directa o a un sistema de armas con capacidad nuclear. Su anuncio ocurrió poco antes de un encuentro con el presidente chino Xi Jinping en Corea del Sur, aunque Trump aseguró que su decisión “no tenía relación con China”, sino con “otros países”.
La orden llegó pocas horas después de que Vladímir Putin hiciera una nueva demostración de poder desde un hospital militar en Moscú. Acompañado por médicos y soldados heridos en el frente ucraniano, el líder ruso reveló que Rusia había probado con éxito el Poseidón, un torpedo submarino de propulsión nuclear con un alcance estimado de más de 9.600 kilómetros.
“El Poseidón supera ampliamente en potencia a cualquier misil balístico intercontinental”, afirmó Putin, calificándolo como un arma “única en el mundo” y prácticamente “imposible de interceptar”.
De manera casi casual, también anunció que el misil balístico intercontinental Sarmat, conocido como ‘Satán 2’, está próximo a ser desplegado. Este sistema ha sido descrito por expertos como uno de los más letales del planeta, lo que refuerza aún más el arsenal nuclear ruso, ya de por sí considerable.
El tratado Nuevo START, firmado en 2011 entre Estados Unidos y Rusia para limitar el número de armas nucleares estratégicas, sigue en pie, pero expirará en febrero de 2026, lo que aumenta la incertidumbre sobre el futuro de este tipo de regulaciones.
A comienzos de la semana, Putin ya había presumido otro avance: la prueba exitosa del Burevestnik o Petrel de Tormenta, un misil de crucero impulsado por energía nuclear capaz, según el Kremlin, de volar a velocidades subsónicas durante periodos prolongados y cubrir distancias casi ilimitadas.
Sin embargo, analistas occidentales han puesto en duda la viabilidad técnica y la seguridad de estas armas, señalando los riesgos de utilizar combustible nuclear inestable y contaminante. Aun así, los expertos coinciden en que la retórica nuclear rusa cumple más un propósito político que militar: presionar a Washington y a sus aliados para obtener concesiones en el conflicto de Ucrania y recuperar protagonismo en la arena internacional.
El Kremlin, sintiéndose provocado por el posible envío de misiles Tomahawk de largo alcance a Ucrania, percibe además una falta de respuesta por parte de Estados Unidos ante sus exigencias para poner fin a la guerra. En este contexto, las amenazas y pruebas nucleares se han convertido en su forma más directa de enviar un mensaje: Rusia no se quedará de brazos cruzados ante lo que considera una amenaza a su seguridad y su influencia global.





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